Papa Americano – un año después

Max Graham
20 April 2014

Image Credit: Presidencia de la Nación Argentina

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Al leer el título de este artículo, muchos opinarán que un año no es tiempo suficiente como para juzgar – aún analizar – el desempeño de un líder, sobre todo el de un papa. Y, por supuesto, en parte, tendrían razón. Sin embargo, el desempeño del primer año puede ser una indicación útil de lo que se puede esperar en los años a seguir (y, personalmente, espero que con este papa sean muchos) y sin duda Papa Francisco ya ha creado el ambiente de su papado.

Sus intentos de modernizar la burocracia del gobierno de la Iglesia han empezado con el establecimiento de un nuevo órgano, La Secretaría por la Economía, que “se ocupará, entre otras cosas, de las preparaciones para un presupuesto anual para la Santa Sede y la Estado de la Ciudad del Vaticano.” El estado lamentable de la dirección de las finanzas del Vaticano ha dado origen a muchos problemas en los últimos años, sobre todo a la corrupción y al conflicto interno, entre otros. Francisco ha puesto en marcha nuevas regulaciones estrictas en el Instituto para las Obras de Religión y los Legionarios de Cristo y ha amenazado con la desaparición de estos órganos en el caso que no cumplan con sus exigencias. Las dos organizaciones se han implicado en varios escándalos financieros desde sus respectivas fundaciones en 1942 y 1941.

Pero Francisco no sólo busca cambios dentro de la Iglesia sino también en el mundo material. Los comentarios del Papa sobre el daño que causa el capitalismo desencadenado han provocado a ciertas personalidades públicas en los EEUU- al punto de llamarle “Marxista” (cosa que, en mi opinión es un cumplido, si se considera de quien viene)- cosa que Francisco niega ser. Pero lo que no se puede negar es que sus declaraciones sobre la desigualdad económica son oportunas y además absolutamente necesarias. En su primera exhortación apostólica “Evangelii Gadium”, el Papa dice: “No compartir con los pobres los propios bienes es robarles y quitarles la vida.” Como ha reconocido Francisco, su papel y el papel de la Iglesia es defender y ayudar a los más vulnerables de la sociedad. Ha dicho que prefiere “una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, que enferma por encerrarse.” Según lo que se dice, Francisco se escabulle a menudo del Vaticano por la noche para alimentar a los pobres. Hay señales que el ejemplo del Papa ya tiene efecto. En Escocia el nuevo obispo de Paisley, John Keenan, ha decidido vivir en un apartamento pequeño, en una zona humilde, en lugar de la quinta ocupada por sus antecesores.

Pero los asuntos más grave con el que se enfrenta el Vaticano tienen que ser los escándalos relacionados con el abuso sexual hacia los niños. Recientemente Francisco pidió perdón por el daño que han causado los abusos sexuales, en la declaración más fuerte hasta ahora. Dijo, “Nosotros no queremos dar un paso atrás en el tratamiento de este problema y en las sanciones que se deben aplicar. Al contrario, creo que debemos ser muy duros. ¡Con los niños no se bromea!” Francisco necesita seguir estas palabras con acciones concretas pero existen fuerzas dentro de la Curia que limitan el poder del Papa. En cierto sentido Francisco está intentando superar estas fuerzas – aunque sea, por la mayor parte, una lucha entre puertas cerradas. A menudo habla a los medios de forma improvisada, cosa que sin duda preocupa unas facciones en la Iglesia. El ejemplo más conocido son sus comentarios sobre la homosexualidad, sumado en esta frase: “¿Si alguien es gay, quién soy para criticarlo?” Francisco, yo creo que con mucha razón, no se preocupa con este asunto marginal. Sin embargo, ha solicitado las opiniones de millones de católicos por todas partes del mundo a través de un cuestionario revolucionario sobre la familia para que la Iglesia conozca las actitudes de su rebaño. Los obispos acuden a Roma este octubre para discutir las respuestas y pensar en una reforma. Este es un paso hacia adelante en el proceso de crear una Iglesia más incluyente y participativa.

No se puede olvidar de la figura del mismo Francisco. Más que nada, la fuerza de su personalidad ha sido fundamental para darle a la Iglesia un nuevo aliento de vida. Su forma de hablar, su naturaleza accesible, su informalidad – estas características aseguran que mucha gente tenga buena disposición hacia el Papa y en su primer año ya ha hecho mucho para revitalizar a la Iglesia – su popularidad es casi igual a la de Juan Pablo II.

Sin embargo, el Papa Francisco no es la Iglesia y la Iglesia no es el Papa Francisco. Para que la Iglesia mejore y mejore el mundo, será imprescindible que todos que se asocien con ella sigan el ejemplo que él ha dado. Y, por supuesto, que Francisco siga dando el ejemplo a lo largo de su papado.

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