Dolorosa Muerte Anunciada

Toti Sarasola
20 April 2014

Image Credit: F3rn4nd0 via Wikimedia Commons

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El pueblo latinoamericano se encuentra confuso, envuelto en un trance onírico del que no puede terminar de despertar. Como toda aldea cuando pierde a su líder, nos sentimos que vamos a la deriva en un barco sin capitán. Intercambiamos pocas palabras, sin saber bien que decir, en un vano intento de consolación. Volvemos a releer y viajamos a Macondo, huyendo de la implacable realidad. La muerte de Gabo no solo deja huérfana su extensa obra sino que también deja desamparado al pueblo que tan bien supo representar.

Colombia entera ha tenido que vestirse de negro. México llora al más mexicano de los colombianos. Todos los caribeños que supieron saborear el perfume de los almendros en las páginas de Gabriel García Márquez también perdieron a su pater literario. Desde el Cono Sur, recordamos con nostalgia como Gabo había logrado extender el calor caribeño hasta nuestras latitudes. Uno de los últimos destellos de aquella explosión literaria latinoamericana que presenció el siglo XX ha terminado de apagarse.

Nacido en Aracataca o Macondo – ¿quién sabe? – en 1927, Gabriel García Márquez, mejor conocido como Gabo por sus familiares, amigos y lectores anónimos, nos ha abandonado a los 87 años de edad, pero no sin dejarnos una vasta obra que lo obligará a permanecer vivo entre nosotros, aunque sea por un rato más.

Si recordamos a Borges por su meticulosa precisión con las palabras, a Cortázar por su prosa poética entonada al ritmo del jazz y a Onetti por su bella crudeza, el estilo de García Márquez lo definiría en dos palabras: simpleza mágica. Desplegó una prosa despojada de retórica y adornos innecesarios, humilde como la casa del coronel y su mujer en El Coronel no tiene quien le escriba, que dota a sus textos de una gran accesibilidad. Pero que no se confunda estilo simple con básico: debajo de esta simpleza aparente, el escritor trabaja con una precisión cuasi-científica en la creación de espacios como Macondo, donde entreteje cuidadosamente la realidad y la ficción, el naturalismo y lo sobrenatural, con la esperanza de que pueda capturar el panorama latinoamericano: “[…] el mayor desafío ha sido la insuficiencia de los recursos convencionales para hacer creíble nuestra vida.”

La obra de Gabo parece haber sido motivada por dos inagotables fuentes de creatividad: la soledad y América Latina, que fueron explorados conjuntamente en su discurso por el Premio Nobel en 1982: ‘La Soledad de América Latina’. García Márquez, después de haber sorprendido a todos por presentarse vistiendo un liqui liqui, comenzó aludiendo a textos de conquistadores como Pigafetta y Cabeza de Vaca, describiendo el Nuevo Mundo y el período de colonización. Cierra esta primera parte del discurso con una frase memorable: “La independencia del dominio español no nos puso a salvo de la demencia.” Relata muchas atrocidades cometidas por caudillos “luciferinos” en el siglo XIX pero se detiene a examinar minuciosamente el impacto de las dictaduras en el siglo XX por toda América Latina, desde Nicaragua hasta Uruguay. Describe con crudeza el numero de asesinados, exiliados y desaparecidos. Sólo recordar sus palabras logra erizarme la piel.

Gabo continúa su discurso enfatizando que América Latina no debe ser medida y analizada a través de ojos europeos: “La interpretación de nuestra realidad con esquemas ajenos solo contribuye a hacernos cada vez más desconocidos , cada vez menos libres, cada vez mas solitarios.” Escuchamos el eco de esa crítica etnocentrista hacia Europa en palabras del médico en El Coronel no tiene quien le escriba:
“Para los europeos América del Sur es un hombre de bigotes, con una guitarra y un revólver.” Y Gabo asegura que precisamente este es “[…] el nudo de nuestra soledad”. Esa soledad del náufrago a la deriva en una balsa, esa soledad que persigue a una misma estirpe por cien años, esa soledad de un coronel al que no le escriben. Pero Gabo culmina su discurso con una nota esperanzadora: por mas pestes y guerras que la humanidad haya enfrentado, la vida siempre se ha podido anteponer a la muerte, siempre le ha sacado una pequeña ventaja, tal como el amor puede derrotar a la cólera, y así seguirá siendo.

Me cuesta mucho imaginar algún otro escritor que pueda poner a un continente entero de rodillas, que pueda sobrepasar los muros de las literaturas nacionales para instalarse en cada país como propio. Gabriel García Márquez, gracias por tanto, y perdón por tan poco.

“—Y mientras tanto qué comemos —preguntó, y agarró al coronel por el cuello de la franela. Lo sacudió con energía—. Dime, qué comemos.

El coronel necesitó setenta y cinco años —los setenta y cinco años de su vida, minuto a minuto— para llegar a ese instante. Se sintió puro, explícito, invencible, en el momento de responder.

— Mierda.”

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