El nacionalismo a nivel europeo

Miriam Rodero
2 March 2014

scottishbasqueflags

Como todos sabemos, el referendo para la independencia escocesa se aproxima- y, con tanto hablar acerca de la posibilidad de la futura independencia escocesa, me he puesto a pensar sobre el nacionalismo. Como glaswegian-bilbaina, me he criado observando los movimientos independentistas de dos países. Nací en Glasgow, y he vivido allí toda mi vida (menos los últimos seis meses que he pasado estudiando en St Andrews), pero mi familia entera es de, y la mayoría sigue viviendo en Bilbao, una ciudad en la región del País Vasco (o, Euskadi), en el norte de España.

Para muchos, Escocia ya es de cierto modo, un país. Cuando voy de vacaciones y digo que soy de Escocia, todo el mundo sabe de dónde hablo. Sin embargo, ir al extranjero y decir que se es vasco seguramente causaría mucha confusión. Pero, para los que no sepan, el País Vasco también, como Escocia, está lleno de gente que quiere ser parte de un país independiente; de gente que no se considera española, sino vasca. Es cierto que ahora, el tema de la independencia del País Vasco ha disminuido bastante. Como muchos saben, ahora es Cataluña que ha tomado el relevo del País Vasco en la carrera hacia la independencia: el gobierno Catalán, como el escocés, está pidiendo el derecho a celebrar un referendo.

No obstante, en el País Vasco, el asunto de la independencia ha sido una lucha violenta, complicada y larga. En 1959, durante la represión política y cultural de la dictadura de Franco,   nació ETA, el grupo terrorista nacionalista vasco. Desde entonces, España vio una multitud de atentados y asesinatos terroristas, incluyendo asesinatos de  políticos, policía y gente inocente. Finalmente, en el 2011, ETA declaró un “cese definitivo de su actividad armada”.

Desde los dos años, voy a Bilbao cada verano y cada navidad de vacaciones, y siempre observo que los niños a mi alrededor hablaban euskera, la lengua autóctona del País Vasco. En navidad, no era Papá Noel quien traía los regalos a los niños, sino El Olentzero, el carbonero que vive en los Pirineos. La verdad es que la cultura vasca es muy distinta a la del resto de España.

Pero ¿por qué es que en un sitio con un sentimiento de identidad nacional tan fuerte, y donde el tema de la independencia ha resonado tanto, nunca me he sentido vasca, sino española? ¿Y, sin embargo, si alguien me fuera a preguntar mi nacionalidad aquí, respondería “escocesa”?- Británica también, pero antes, escocesa. Y eso que nunca he estado demasiado a favor de la independencia escocesa.

Quizás sea porque no vivo en Bilbao y no veo día tras día a campañas de apoyo de la independencia de los demás. O quizás sea porque mi familia nunca ha tenido tendencias demasiado independentistas. Sea la por la razón que sea, hay una gran diferencia que noto entre el nacionalismo vasco y el nacionalismo escocés: el nacionalismo vasco siempre me ha parecido demasiado hostil y a la defensiva.

Desde pequeña, he asociado el movimiento independentista vasco con la violencia y la agresión. Recuerdo la historia que mis padres me han contado tantas veces. Cuando tenía unos tres o cuatro años, cada vez que veía la  Ikurriña (la bandera vasca), me ponía a señalar y decir, “ETA! Mira, ETA!”. Claro, que entonces no entendía nada sobre la situación política del País Vasco. Pero, ¿por qué es que la bandera de Euskadi me recordaba a la violencia de un grupo terrorista?

Y todos estos años, sigo sintiendo la presencia de ese sentimiento tan a la defensiva y protector. Cada vez que voy a Bilbao, temo decir que estoy en “España”, en vez de Euskadi, delante de mis amigos bilbaínos. También recuerdo mis vacaciones de verano del 2010. Fui a Bilbao ese año, llena de orgullo y felicidad porque España acababa de ganar el Mundial de fútbol. Sin embargo, al llegar, descubrí que todas mis amigas bilbaínas habían animado a Holanda en la final, Y que una pantalla en una plaza de Bilbao, donde el ayuntamiento había intentado trasmitir la final, había sido destruida. En resumen, no encontré el sentimiento de victoria y felicidad que había esperado.

Si, es cierto que aquí, en los mundiales de fútbol, cuando a un escocés o una escocesa se le pregunta a quien están animando, la respuesta es siempre “cualquier equipo que esté jugando contra Inglaterra” (ya que Escocia nunca clasifica para los mundiales). Sin embargo, durante las Olimpiadas del 2012 en Londres, vi algo en Escocia que nunca me imaginaria ver en España: una sensación de ánimo y orgullo nacional; pero no solamente hacia los atletas escoceses, sino a todo el equipo británico. Este era un orgullo nacional unificado.

Sin embargo, a este país que no tiene miedo a asociarse con el resto de Gran Bretaña, se le ha permitido elegir su futuro con un simple voto. Y no es que el País Vasco no merezca elegir el suyo; todo lo contrario. Pero primero, tiene que dejar de rehusarse a asociarse con el resto de España.

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