Venezuela: el infierno tan temido

Toti Sarasola
23 February 2014

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El 20 de setiembre de 2006, Hugo Chávez pronunció una de sus tantas frases difíciles de olvidar: “El diablo está en casa. Ayer el diablo vino aquí. En este lugar huele a azufre”, aludiendo a la presencia de George Bush en la Asamblea General de las Naciones Unidas. Hubiera deseado preguntarle a Chávez a qué huele el infierno que actualmente se ha desatado en las calles de Caracas.  El infierno caraqueño no puede ser descripto como dantesco– hay mucha belleza poética, estructura literaria y orden en Dante. El infierno caraqueño huele a la agonía de madres que tienen que enterrar a sus hijos, a la incertidumbre de no saber si mañana se estará vivo, preso o herido, a la podredumbre de un sistema ineficaz, obsoleto y desesperado.

Antonio López Ortega recuerda al historiador Ramon J. Velázquez cuando señaló  que después de la vuelta a la democracia en 1958, las tres pestes que habían intoxicado a Venezuela se habrían eliminado para bien: militarismo, caudillismo y personalismo. ¡Vaya sorpresa se llevaría en 1998! Siempre me pregunto qué es lo que caracteriza al pueblo latinoamericano que –  aún en el presente– continua viéndose seducido por el caudillismo  del siglo XIX.

Muchos de nosotros nos encontramos apuntando hacia el presidente venezolano: Maduro el ridículo, Maduro el incompetente, Maduro el títere. Nadie quiere exculpar a Nicolás Maduro de su responsabilidad en los recientes acontecimientos pero sería injusto olvidar a la Venezuela dicotómica y convaleciente que heredó de su predecesor. Un legado chavista que hoy alcanza la inflación de 56%, la escasez al 28% y la cifra aproximada de 25.000 homicidios durante 2013.

Muchos aseguran que la diferencia principal entre Chávez y Maduro recae en la carencia de simpatía, carisma y liderazgo del segundo en relación al primero. Debe haber algo de cierto. Pero la mayor diferencia obedece a los recursos disponibles de los dos presidentes: Maduro heredó un país donde Hugo Chávez había dilapidado las riquísimas reservas petroleras del mismo. Un mandatario sin carisma puede encontrar formas de manejar un país pero un presidente sin recursos encontrará el camino repleto de piedras.

Poca madurez oratoria

La pobreza lingüística y oratoria de Maduro lo ha llevado a confundir panes con penes, la Torah con el Tarot y un pajar con un panal. Pero dejando de lado esos incidentes ridículos, el lenguaje chavista acarrea profundas implicaciones políticas. En una fantástica columna de El País de Madrid, ‘El Metalenguaje de Maduro’, Paulina Gamus establece un paralelismo entre el lenguaje empleado por los mandatarios chavistas y el Newspeak que desarrolla George Orwell en 1984, donde “[…] el objetivo es que el lenguaje no sea el reflejo de la realidad sino que la construya.” La experta lo ejemplifica de la siguiente manera:

1) Devaluación del bolívar = Mecanismo cambiario alternativo.

2) Recorte y racionamiento eléctrico = Plan de Ordenamiento de Uso y de Administración de Seguridad del Sistema Eléctrico.

3) Fallos de mantenimiento = Sabotaje Internacional.

Los insultos hacia cualquier disidente son moneda común del lenguaje chavista: vende patria, explotadores, gusanos, cobardes– y los más conocidos: maricones, pitiyanquis y golpistas. En un país donde el Estado ya ahorcaba a la libertad de prensa y de expresión,  no es difícil imaginar a la gente absorbiendo esta distorsión de la realidad por intermedio de un lenguaje infectado y politizado.

Las declaraciones de Nicolás Maduro durante estas últimas semanas se han limitado a frases del estilo:

1)    “[…] una campaña de demonización para aislar a la revolución bolivariana.”

2)    [Sobre el cantautor Rúben Blades]: “Se ha creído una campaña lanzada desde EE.UU. por las grandes corporaciones noticiosas.”

Reaccionando contra las acusaciones imperialistas hacia cualquier opositor, Oscar Arias escribe con inteligencia: “Sin duda soy un lacayo del imperio: del imperio de la razón, de la cordura, de la compasión y de la libertad.”

Es sorprendente la simpleza del discurso chavista, propio de momias estancadas en la Guerra Fría, donde el que critica a un gobierno de izquierda trabaja para la CIA.

Las dos palabras de moda en los discursos de Maduro son ‘golpistas’ y ‘fascistas.’ La ironía es grotesca: por si todavía quedaban dudas sobre el autoritarismo venezolano, los recientes incidentes parecen despejarlas. En lo que prosigue, intentaré explorar ciertos aspectos de regímenes fascistas en el gobierno chavista.

Represión brutal

Una característica del fascismo es la clasificación de acuerdo a la pertenencia: o está conmigo o contra mí. No hay punto medio, no hay diálogo. Esto lleva a un hostigamiento hacia el disidente, que es lo que ha ocurrido en las últimas semanas.

Vale recordar que si hay algo que ha hecho con inteligencia el chavismo – que se entienda, para sus propios fines – es crear murallas de defensa militarizada para evitar cualquier revolución civil. A las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional Bolivariana se les suman los famosos ‘colectivos’ (bandas de militantes extremistas que intimidan a opositores en las calles) y las ‘milicias bolivarianas’ (cerca de 120.000 voluntarios con instrucción paramilitar). Miguel A. Bastenier también especula con que hay entre 30.000 y 40.000 cubanos asesores o profesionales en Venezuela apoyando al régimen. Esto no es ninguna sorpresa: si hay un cambio de gobierno en Venezuela, Cuba pierde a su mayor aliado y a sus millonarias donaciones en petróleo que mantienen la isla a flote. Cuba hará  todo lo humanamente posible para evitar un cambio de gobierno en Venezuela.

¿Cómo pueden ser los jóvenes (en su mayoría) desarmados quienes estén dando un golpe frente a esta arrolladora maquinaria militarizada?

Manipulación de los medios

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La desinformación, la mentira, la distorsión, la propaganda y la opresión a la libertad de prensa son armas que el chavismo viene manejando hace muchos años. Parece que Maduro quiere comprobar empíricamente si funciona aquello que “una mentira repetida 100 veces se transforma en verdad.”

Pero actualmente existe un arma que causará problemas a cualquier régimen autoritario: Internet. Twitter ha sido el medio principal por el que se han difundido las injusticias perpetradas por el régimen chavista. Hoy, cualquier ciudadano con un celular puede ser un fotógrafo o un camarógrafo y luego transformarse en periodista gracias a las redes sociales.

Otras características del régimen fascista son la invención de un enemigo imaginario (el imperio) y la encarcelación de políticos adversarios (Leopoldo López).

El silencio latinoamericano

El apoyo del MERCOSUR (Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay) al régimen de Nicolás Maduro es una tomadura de pelo hacia la solidaridad de los ciudadanos latinoamericanos con Venezuela. Hace unos días Bachar al-Assad envió su mensaje de apoyo a Maduro. Este simple hecho debería llevar a la reflexión a los mandatarios de los países del MERCOSUR y consecuentemente, a cambiar su postura. Antonio López Ortega lo expresó así: “La política latinoamericana de hoy, qué duda cabe, es más amiga de los negocios que de los fundamentos éticos.” En una entrevista, Corina Machado se refirió a la actitud del resto del continente como: “inconcebible e inaceptable.” Y considera el hecho que: “[…] ni Unasur, la Celac o la OEA hayan convocado a una reunión de emergencia” como una vergüenza. A pesar de la negligencia de sus gobiernos, la gente igual ha expresado su solidaridad hacia Venezuela.

(Aclaración: También pecaríamos de inocentes si pensáramos que todos los manifestantes se comportan en forma pacífica y que no hay extremistas del lado de la oposición. Han arrojado piedras y botellas, quizás también hayan disparado. Pero existe un hecho innegable: no hay siquiera punto de comparación entre las dos fuerzas que se enfrentan. En otro artículo me gustaría explorar la fractura en la oposición entre López y Capriles respecto al futuro de Venezuela y cuáles son las posibles salidas para este conflicto).

Fuerza Venezuela

Me quedan mis dudas respecto al trending  #PrayForVenezuela. Primero, porque el hecho que sea en inglés es añadirle leña al fuego al discurso anti-imperialista chavista. Segundo, porque las manifestaciones son un fenómeno exclusivamente venezolano, que debe ser expresado en su idioma, el español. Como bien dijo Julio Cortázar, es una lamentable paradoja que el movimiento de mayor esplendor en la literatura latinoamericana sea definido con un anglicismo: la palabra “boom.” Y tercero, porque no creo que sea ningún dios el que logre apagar el incendio en Caracas sino la fuerza de los venezolanos cansados del hostigamiento. Por eso, sugiero el modesto: FuerzaVenezuela.

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